Un alegato de Muhammad Badia en defensa de la opinión de la mayoría o en contra de la minoría

La polémica entablada en Egipto sobre la conveniencia de retrasar las elecciones y adelantar la formación de la constitución ha llegado a la cúspide los Hermanos, y hoy (2/6/2011), el murshid al-am, Muhammad Badia, ha hecho un alegato en defensa de la opinión de la mayoría y en contra de la minoría que se niega a acatar los designios de la primera.

“La base de la democracia es el respeto de la opinión de la mayoría y no que un grupo de gente o una elite intelectual considere que el pueblo no sabe cuales son sus intereses y que no es capaz de entender la política y que a partir de esta idea equivocada se crea su tutor hasta que alcance la mayoría de edad o adquiera plena conciencia, como hacía el antiguo régimen” aseguró Badia en su carta semanal.

La afirmación del máximo dirigente de los HHMM está intimamente ligada con la cuestión del retraso electoral y la elaboración de una nueva constitución, manzana de la discordia entre los Hermanos Musulmanes y la mayoría de grupos laicos.

Según los HHMM, en el referéndum del pasado 19 de marzo, en el que se votó la reforma de ocho artículos constitucionales, la mayoría del pueblo (77,2%) aceptó el mapa de ruta dibujado por la junta militar que se hizo con el control del país tras la renuncia de Mubarak, el 11 de febrero. Esta agenda incluye la celebración de elecciones parlamentarias en septiembre y posteriormente la formación de una comisión constituyente designada por los legisladores.

De este modo, cuando la congregación islámica habla del respeto del deseo de la mayoría se refiere, sin decirlo, al respeto de estos dos puntos, dada su confianza en la obtención de un buen resultado electoral y, por consiguiente, de una importante capacidad de influir en la futura carta magna. Por su parte, la mayoría de fuerzas laicas en formación creen que un retraso electoral y la formación inminente de un consejo constituyente restaría poder a los Hermanos en beneficio propio. Estas diferencias, latentes desde la caída de Mubarak emergieron con claridad el pasado viernes 27 de mayo.

Pero Badía, va más lejos en su alegato en defensa de la opinión de la mayoría, y a pesar de que reconoce el derecho de opinión, expresión y diferencia subraya: “nosotros con nuestra confirmación de este derecho llamamos a todos los que expresan su opinión a que la expresen antes de que se tome una decisión”. Además, agrega que una vez tomada esa decisión por consenso, para que la democracia tenga éxito “la minoría cuya idea no se ha considerado debe ser la primera que se acelere en ejecutar la idea de la mayoría” y que “la minoría no puede discutir una idea cuyo turno de discusión se ha pasado o poner en duda el punto de vista que se llevó a efecto”.

Es decir, parece que pide a las minoría del país la fidelidad y obediencia que exige a los miembros de su congregación. Además, llama a todas las fuerzas políticas a alcanzar un consenso antes de bajar de nuevo a la plaza, como ocurrió el pasado 27 de mayo, cuando la concentración de Tahrir fue boicoteada por la congregación.

En este sentido, insta a actuar en lo que se acuerde en común y evitar las diferencias: “Este principio nos hará ser una sola fila y una sola mano y podremos llegar a nuestros objetivos. La prueba de ello es que cuando bajamos todos a la plaza el 25 de enero con unos objetivos acordados por todos, tuvimos la victoria de Dios. Por eso llamo a todas las fuerzas a que la comisión coordinadora de la revolución haga su trabajo y que no se baje a la plaza antes haber acordado todos las exigencias”, dice Badia, cuyo grupo no apoyó oficialmente la manifestación del 25, ni participó en su organización ni en el establecimiento de sus exigencias.

El ataque de Badía contra estos grupos no adquiere toda su magnitud si no se toma en consideración la introducción de la carta semanal titulada “el camino de la salvación: fe y unión”. En ella asegura que el lema del enemigo es “divide y vencerás”, enemigo que identifica con las fuerzas ocupantes y colonizadoras desde Napoleón hasta Israel. Además, aclara que no cree que occidente quiera el bien para los musulmanes y subraya: “pienso que la alianza estadounidense sionista no quiere que nuestra sagrada revolución alcance sus objetivos”.

Es decir, sin que tenga que hacer una relación directa, Badia deja viene a asegurar que tras las divisiones en las filas del pueblo está el antiguo régimen y occidente, comodines de toda acusación tras la caída de Mubarak. Parece pues, que estas minorías, para Badía, tampoco piensan por sí solas, sino que están manejadas por terceras partes interesadas.

Estas palabras se unen a las descalificaciones lanzadas por y entre todas las fuerzas políticas, que se alejan progresivamente de la posibilidad de un consenso y hacen que poco a poco las partes se hagan cada vez más firmes en sus posturas irreconciliables.

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