El Estado islámico civil de los Hermanos Musulmanes

El partido político de los Hermanos Musulmanes egipcios, Al-Hurriya wa al-Adala, insta en su programa político electoral a la creación de un “estado islámico civil”, es decir democrático y religioso, políticamente reformista, económicamente proteccionista y socialmente ultraconservador.

En su programa dejan atrás su tantas veces nombrado “estado civil con referencias islámicas”, con el que intentaban burlar la censura del régimen de Mubarak, que incluso incluyó en la reforma constitucional de 2007 la prohibición de crear partidos, precisamente sobre referencias islámicas, utilizando el mismo término que los HHMM habían creado para saltarse unas trabas impuestas por el régimen, que tras las revueltas han dejado de ser necesarias.

“El estado que adopta nuestro programa es un estado islámico, nacional, constitucional, democrático y moderno cuya referencia es la sharia islámica, que organiza las creencias, los ritos, la moral, pero también los distintos aspectos de la vida de los musulmanes y de los no musulmanes que comparten con ellos el estado”, asegura el programa.

Así, instan a un estado civil islámico, es decir dual, paternalista y moralizante, que garantiza principios básicos de la democracia occidental, pero que niega otros entrando a veces en contradicciones que se solucionan recurriendo a la sharia islámica, que consideran fuente de toda legislación.

“Garantizar las libertades, construir un régimen político bien guiado que ponga las bases y los principios necesarios para garantizar la práctica política democrática y pacífica en la que compitan los partidos y las fuerzas políticas de manera libre, honorable y transparente para atraer los votos del pueblo, que es la fuente de los poderes. Formar un multipartidismo real, garantizar al pueblo su libertad mediante la rendición de cuentas de los poderes ejecutivos, avanzar hacia el cambio pacífico y real del poder y por lo tanto lograr la estabilidad completa y proporcionar un clima saludable para llevar a cabo un desarrollo completo, la justicia social y un liderazgo verdadero que desemboque en la consecución de las características del estado islámico civil deseado”, agrega el programa en esta línea.

Para lograr esto, aseguran se necesita redactar una “Constitución nueva, cuyas referencias y fuente de sus artículos sea la sharia islámica”.

De este modo, el programa hace hincapié en los principios de igualdad, libertad e igualdad de oportunidades, en la independencia de los jueces, las elecciones libres y transparentes, la separación de poderes, la justicia social, la rendición de cuentas, el parlamentarismo, el no centralismo del gobierno provincial y la neutralidad de la administración, la vigilancia de los derechos de los ciudadano o la activación del papel del individuo y de la sociedad civil.

Al-Hurriya encuentra la armonía entre los principios políticos democráticos y la religión, en el término shura, que utiliza como equivalente de democracia.

“El estado se levanta sobre la shura (democracia) y el partido ve que la shura (democracia) es el principio básico sobre el que se levanta el estado con todas sus instituciones. No es únicamente un principio político que rige las relaciones políticas, sino que se trata de un patrón de comportamiento, de un modelo general para administrar los diferentes aspectos de la vida del estado. Además, conforma el valor de la fe y la guía moral de la conducta de los individuos y de sus relaciones sociales en la que se educa el individuo, la familia, la sociedad y los gobernantes”.

Es decir, que aspiran no sólo a gobernar el país, sino también las vida de los ciudadanos.

Garantizan la libertad de expresión, de fundar partidos y ONGs, de crear periódicos o la independencia judicial… También insisten en el derecho de la mujer a que se garanticen todos sus derechos, pero puntualizan: “en lo que no contradigan los valores de la sharia islámica”.

Este empeño alcanza un gran número de campos, como el turismo que apuestan por fortalecer en aras de la economía nacional, pero puntualizan: “En línea con nuestros valores y constantes morales”. También llaman a promover las artes como el teatro o el cine, pero en el caso del segundo, sin olvidar su interés en apoyar un “cine limpio” e incluso la creación de películas religiosas, patríoticas, documentales e históricas.

También incluyen la necesidad de elaborar lo que llaman “programas de guía familiar para solucionar los problemas” que conducen al aumento de los divorcios y para preparar a los jóvenes para el matrimonio.

Su afán moralizante contradice en ocasiones los valores democráticos que en occidente se consideran universales e incluso queda recogido en el programa su rechazo a la homosexualidad.

“¿Acaso sabe algún individuo de nuestro gran pueblo que Egipto es parte del convenio internacional de los derechos del niño que permite al niño elegir la familia con la que prefiera vivir?¿Acaso saben los egipcios que están obligados a aceptar a los homosexuales y a tratarlos de la mejor manera posible, de acuerdo con esos acuerdos?”.

En contra de estas y otras prácticas, como la adopción, que como recuerdan está prohibida por la sharia, reivindican el derecho de los egipcios  a revisar estos acuerdos teniendo en cuenta sus valores y su religión.

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