Zuhair Salim responde a Khameneí

Zuhair Salim, en un artículo publicado en el Arab Orient Center for Strategic and Civilization Studies (08/02/2012), respondía al sermón del viernes pasado (03/02/2012) del ayatolá iraní Ali Khameneí en el que alababa las revoluciones árabes “obviando la sangre derramada” de los sirios, y ello a pesar de que en su descripción de los regímenes árabes parecía referirse al sistema erigido por los Asad. Así, por ejemplo, habló de gobierno hereditario, falta de libertades y regímenes laicos aliados de Occidente.

Según Khameneí, estas revoluciones demostraban una polarización entre los “oprimidos del mundo bajo el liderazgo del despertar islámico y los opresores bajo el liderazgo de EEUU, la OTAN y el sionismo”. Como se podía deducir de su discurso, considera estos movimientos revolucionarios como una especie de extensión de la revolución iraní, “la experiencia islámica más exitosa en época moderna” (como experiencia alejada del comunismo y el liberalismo), y que ofrece su apoyo a los movimientos y partidos islamistas que han logrado la victoria en las elecciones. Según dijo, sobre estos movimientos, que han heredado la sangre de los mártires y décadas de sufrimiento, recae la responsabilidad de salvaguardar los logros de la revolución, una revolución que busca la justicia, la misma justicia que según Khameneí se buscaba en la revolución contra el Sha de Irán al que define como “el mayor dictador laico y colaborador”. Zuhair Salim no puede evitar preguntarse si tales características no pueden aplicarse a su aliado sirio, tanto al padre como al hijo.

En este sentido, cuando Khameneí hace mención a los regímenes que se han erigido en el mundo árabe en contra del islam, Zuhair Salim le recuerda que “hay regímenes árabes que se han enfrentado a la corriente religiosa y se han enfrentado también a los movimientos islamistas, pero solo un régimen ha decretado una ley que los criminaliza y permite matar a sus miembros solo por su pertenencia a los mismos”. Es decir, se trata nada más y nada menos que del régimen sirio, un régimen al que solo se menciona en el discurso para calificarlo de ser “el único régimen que no ha vendido Palestina” ni se había doblegado a los designios de Occidente. Según Zuhair Salim, a esto solo puede responderse recordándoles el escándalo del Irangate.

Sin duda, el apoyo de Irán al régimen sirio pierde fuerza en un discurso que, pronunciado por cualquier otro ulema o sabio de la religión partidario de la revolución, habría incluido al régimen sirio y no se habría limitado al tunecino y el egipcio que no tienen un carácter hereditario tan marcado.

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