La oposición, otra vez la oposición…

La situación de división interna de la oposición siria o su falta de representatividad (denunciada, por cierto, en repetidas ocasiones por los manifestantes, aunque esto parece pasársele por alto al autor) no es para Zuhair Salim (en un artículo que acabamos de recibir por correo) más que una excusa que pone la comunidad internacional –y ello teniendo en cuenta que el Consejo Nacional de Transición en Libia no era tampoco la alternativa perfecta a Gadafi- porque “este Consejo (el CNS) con lo que representa y aquellos a quienes representa no ha satisfecho las condiciones de la comunidad internacional y Occidente especialmente, un Occidente que tiene una visión de Siria distinta de la del pueblo”. Dicha visión se basa en que Siria, “es la llave de los cambios regionales que no es fácil para Occidente aceptar”.

Considera que Occidente, al estudiar la situación en Siria, no tiene más remedio que tener en cuenta los desafíos que ello supone para Irán, al que “EEUU decidió entregarle Iraq en bandeja de oro  para ampliar su papel en la administración de la lucha sectaria entre los dos lados de la comunidad islámica”. Sin sus peones en la zona, Irán no infundiría miedo en esos “de los que se espera que se mantengan pegados al muro occidental para pedir seguridad y tranquilidad”.

Del mismo modo, les preocupa el futuro de Iraq, en el que han invertido millones. E “incluso con su concepto de minorías que siguen utilizando en Siria, no les hemos visto preocupados por la mayoría a la que impusieron falsamente en Iraq el calificativo de minoría”.

No se queda atrás en sus cálculos el preciado Líbano, ese en el que pensaban que podrían quedarse tranquilos “el día que se lo vendieron barato a Hafez al-Asad”, que no dudó en expulsar a Yasser Arafat. Líbano, el país de los sospechosos asesinatos políticos, es donde el régimen ha jugado su carta de las minorías con el bochornoso episodio de Michel Samaha.

Pero por supuesto no sale de la ecuación “la entidad que crearon y cuya protección encomendaron a Hafez al-Asad y después a Bashar al-Asad”. Esto y lo anterior es lo que explica el impasse occidental.

No se esperaban esta revolución (tampoco los Hermanos), […] y su alternativa en territorio sirio sigue sin estar lista, como  lo que vivimos en los cincuenta con la serie de golpes militares continuados […] hasta que se estabilizó la roca en el regazo del líder eterno”, y con ello Occidente. Ahora, “no están tranquilos con estos líderes que se dejan la sangre sobre la tierra con sus soldados, ni con la estructura política en la que no encuentran un asa a la que agarrarse”. Así, la solución es volver al juego de la “unión y la desunión”, como sucedió en los años post-independencia, “hasta que la pelota o quien la golpea vuelva a manos de los dueños de eslóganes (en referencia a la retórica nacionalista y de garantía de la estabilidad  del régimen)”.

Sentencia: “Revolucionarios: sed precavidos”

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